domingo, 24 de mayo de 2009

Indignación Conciente


La fuerza de Gedeón estaba en su indignación. Sin embargo, esa indignación no estaba en su corazón sino en su mente. Gedeón tenía la conciencia del Dios de sus antepasados y de Sus maravillas; que Él era -y siempre será- Dios omnisciente, omnipresente y todopoderoso. O sea, ¡un Dios que actúa de hecho! Por medio de Sus siervos fieles y dedicados, Dios liberó tres millones de esclavos de Egipto, y de sus hijos constituyó la nación de Israel. Eso suscitó la envidia y, en consecuencia, la ira de los pueblos del Oriente. ¿Cómo era posible que un grupo de esclavos se convirtiera en una nación? Todos se les pusieron en contra y se negaron a tener a Israel como patria. Algo parecido sucede con la IURD -Iglesia Universal del Reino de Dios- frente a las demás iglesias y religiones del mundo. Debido a su fe racional, Gedeón se había indignado contra la situación reinante en su país; él no aceptaba creer en un Dios tan grande y sujetarse a la esclavitud impuesta por los enemigos. Su indignación no era un mero sentimiento salido del corazón, sino que desbordaba de su intelecto. ¿Cómo aceptar la esclavitud, si de ella Dios los había librado un día? Eso es fe inteligente. La fe emotiva no deja que la persona tenga coraje para tomar actitudes concretas. Ese tipo de persona es la que no tiene ni el coraje de sacrificar la vida por la salvación, cuánto más para conquistar beneficios. Son individuos cobardes y sujetos a las circunstancias adversas. Sin embargo, lo mismo no sucede cuando la fe está separada de la emoción. Ese tipo de fe rechaza la vida mezquina, miserable e indigna. Si Dios es Padre y dueño de todo el universo, ¿cómo pueden Sus hijos vivir una vida sin calidad? Querido lector, ¿cree usted que la fe racional, sobrenatural e inteligente acepta eso? ¡Sólo los hijos de las tinieblas aceptan una cosa semejante!
Dios los bendiga a todos.

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